BERNARDO MAGRANER - PSICOLOGO CLINICO

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     MODELOS REFERENCIALES : Teórico | - Clínico | - Terapéutico

El modelo teórico

Los afectos, los impulsos, el inconsciente, los mecanismos de defensa etc. son sólo alguno de los muchos conceptos teóricos y clínicos que el psicoanálisis ha desarrollado desde hace más de cien años y que hacen referencia a distintos componentes del psiquismo, que aunque en su mayoría están en germen en el nacimiento del ser humano, su evolución y destino va depender de múltiples factores, unos constitucionales y otros ambientales, y que el individuo en su andadura por los caminos de la vida se va a encontrar, principalmente la familia y la cultura.

El ser humano nace en un estado absoluto de vulnerabilidad y dependencia. Es el ser vivo que más tiempo y más cuidados afectivos y materiales necesita de su entorno para poder sobrevivir, desarrollarse y alcanzar la maduración necesaria para lograr la independencia, de ahí que su encuentro con el mundo y con las diversas circunstancias que ocurran en los primeros años de la vida sean de suma importancia, pues sobre ellas va a labrarse buena parte de la personalidad del futuro adulto.

La ansiedad o angustia es una señal de alarma, en principio, normal que debe existir en el psiquismo de todo individuo y que se enciende para avisarnos de los peligros reales o imaginarios, provenientes, bien del propio mundo interno, bien del mundo exterior. La ansiedad avisa, alerta y debe poner en funcionamiento los mecanismos de defensa adecuados para tramitarla y resolverla, sin embargo, el bebé humano al principio es incapaz de hacer todo esto por sí mismo aunque disponga ya de ciertos recursos como es la llamada “coraza antiestímulos” que le permite por ej. aislarse del entorno y dormir casi todo el día. Es por esta razón que durante un largo período de tiempo, son los padres o cuidadores los que deben contener sus ansiedades y protegerle, tanto de estímulos excesivos del mundo exterior, como proporcionarle los estímulos afectivos que necesita para sentirse vivo y amado.

Es función fundamental de los padres, ejercer la capacidad de contención de las enormes cantidades de angustia y ansiedades que se generan en el bebé en esta época para procesarlas y poder devolvérselas después transformadas en cuidados afectivos y materiales ya sea en forma de alimento, limpieza, caricias, abrazos, arrullos, palabras cariñosas, consuelo, canciones, silencios etc. en suma, devolverle al bebé la calma y seguridad que tan a menudo pierde ayudándole a reestablecer su precario equilibrio y sus ritmos vitales.

No obstante, es completamente normal, e incluso necesario, que en el vínculo con los padres ocurran ciertos desencuentros, dificultades, malos entendidos, carencias etc. Todo ello produce pequeños traumatismos, heridas, pero que si cicatrizan bien, sirven para fortalecer sus defensas y lo preparan para la vida ayudándole a distinguir, de poco a poco, los límites propios y los de la realidad. Todas estas vicisitudes, positivas y negativas, se van fijando, grabando en su memoria consciente e inconsciente y le irán permitiendo aprender de la experiencia.

Cuando los traumatismos y las heridas, son muy tempranas, muy frecuentes o muy intensas, en cambio, la frágil coraza antiestímulos con la que nace el bebé puede quedar atravesada y dañada o incluso arrasada. Las heridas psíquicas, entonces, ya no cicatrizan bien y se produce un dolor incesante, una especie de hemorragia interna que puede llegar a dejar sin energía psíquica al bebé y que se manifiesta como un peligroso estado de apatía, inapetencia, de desvitalización. Por otra parte, los intentos de salida del bebé de ese estado se pueden manifestar como estados de irritabilidad extrema, crisis de llanto inconsolable, voracidad e insomnio.

En síntesis, dependiendo de la intensidad, de la frecuencia y de los distintos momentos evolutivos en que se hayan producido las heridas, resultarán los distintos tipos de patologías, desde las más leves a las más graves. No obstante, a no ser que lo traumático sea de tal calibre que haga sucumbir al individuo (ej muerte súbita en el bebé, autismo, anorexia infantil, desorganización somática grave etc.) el instinto de autoconservación prevalece, y ser humano suele sobrevivir con sus cicatrices o secuelas a casi todos los avatares

Cuando las cosas han ido relativamente bien, el ser humano logra alcanzar una posición en el mundo que le hace sentirse “alguien”, es el llamado “sentimiento de sí”, el sujeto se siente protagonista de su existencia y percibe que su vida tiene sentido. Esto no quiere decir, desde luego, que lograda esa posición ya está todo hecho. El ser humano siempre está en conflicto consigo mismo y con la realidad desde que nace hasta que muere. El “yo” del sujeto humano tiene que estar haciendo siempre constantes transacciones entre sus impulsos y deseos por una parte, la realidad y sus límites por otra, y una compleja instancia a la que llamamos “superyó” o “instancia paterna” que se rige por imperativos categóricos, y que está formada por los ideales y valores heredados de los padres, desde donde se desarrolla el respeto a la ley, el sentido del deber y la capacidad de autocrítica.

BERNARDO MAGRANER - PSICOLOGO CLINICO

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