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El proceso terapéutico
El proceso terapéutico se
inicia cuando el paciente acude a la
consulta y es recibido por el terapeuta. Por
medio de una o varias entrevistas, el
terapeuta escucha cuál es el motivo de la
consulta, de su sufrimiento actual y cuáles
son sus principales problemas internos o de
relación, tratando de detectar el tipo de
ansiedades que padece en un clima sereno,
confidencial y de empatía.
La labor del
paciente, por su parte, es la de colaborar
activamente con el terapeuta situándole en
su mundo para que se haga una primera idea
de los conflictos que padece y el terapeuta
pueda hacerse cargo de ellos, hablando para
ello, con entera libertad - sin esperar ser
juzgado por el terapeuta, pues no es esa su
función, sino la de ser comprendido - sobre
lo que siente y le está sucediendo, de su
entorno familiar y laboral, de los recuerdos
más importantes de su infancia, de los
sueños más significativos etc. etc.
Más tarde, el terapeuta
le hará una devolución al paciente con las
hipótesis diagnósticas que haya ido
elaborando durante las entrevistas para
indicarle después el tipo de psicoterapia
que necesita.
Se establece en el
proceso terapéutico una peculiar relación
entre paciente y terapeuta en un clima de
neutralidad y benevolencia por parte del
segundo que debe favorecer que el paciente
pueda ir expresar sus conflictos, ansiedades
y temores y el terapeuta los escuche con
toda atención y respeto con el fin de
contener su angustia y su dolor, sin hacer
ningún tipo de juicio crítico o de valor, ni
tampoco alentar la satisfacción y la
descarga de los impulsos del paciente
mediante la acción. La cura se realiza
exclusivamente a través de la palabra.
En el proceso terapéutico
el paciente deberá ir expresando poco a poco
sus pensamientos y sentimientos haciendo el
esfuerzo de vencer sus propias resistencias
al cambio, a lo nuevo, tan bien expresadas
en el conocido refrán de “más vale malo
conocido…que bueno por conocer”, y entre
ambos, terapeuta y paciente, irán
descubriendo y poniendo nuevas palabras allí
donde antes solo había dolor y confusión,
generando nuevos pensamientos y sentimientos
que le permitan al paciente una mejor
comprensión y manejo de su funcionamiento
psíquico y de su relación con los demás y la
realidad.
De la contención y
elaboración de las ansiedades del paciente,
como de los avances en la comprensión de sí
mismo y de los cambios conseguidos en las
defensas patógenas se debe esperar un alivio
del dolor psíquico y una mayor capacidad del
yo para hacer nuevas transacciones entre sus
deseos, sus valores y la realidad que le
permitan salir del círculo vicioso de
repetición en el que se encuentra y así
desplegar mejor sus capacidades de amar y de
crear. |